Llegó la Navidad del 2007 y ya habíamos tenido, como ya se ha dicho en capítulos anteriores, algún serio encontronazo.
Viendo que se le empezaba a quitar protagonismo desde la concejalía de Cultura, Festejos y Deporte diole entonces al señor Royo por decir en los foros, digo bares de Cervera que los de CHA éramos unos pelados que no pensábamos sino en “endrogarnos” y vivir del cuento.
Gracias a Dios tenemos más conocimiento y educación.
Con el ambiente un poco alterado, llegó el Año Nuevo y esta vez, y por no ser menos, acompañamos al señor Royo con una lupanda de Champion Ligue para ver si hacíamos méritos para las próximas elecciones.
Y finalmente, el día de Reyes nuestro señor Alcalde nos armó el Belén.
Como es tradicional, el concejal buscó quiénes hiciesen de Reyes, respetando a los vecinos que tradicionalmente los representan. Pero había una vacante puesto que un vecino indicó que ese año no podía. Tras varias consultas logré convencer a un amigo para que hiciese de rey Baltasar
De buena mañana preparé, junto a varias mujeres del pueblo, la carroza. Cn el alguacil monté el sonido, preparé el escenario y la barra del bar para la fiesta que de madrugada se iba a celebrar.. Recogí y ordené los regalos que para los niños nos traían los familiares.
En ello andaba cuando la señora alcaldesa, toda acalorada y enfadada, apareció en el pabellón municipal y me gritó que quién era yo para elegir a los Reyes.
Sólo acerté a decir, que entendía que, como organizador, me competía esa labor, y le pregunté que qué cargo tenía ella para hacerlo.
Me respondió que ya había elegido Rey; que para eso su marido se encargaba de todo como alcalde y, dando media vuelta, se fue dejándome con dos palmos de narices.
Dejé todo tal como estaba, sin terminar. Busqué al señor Alcalde y (como es natural) lo hallé en el bar, despreocupado. Le expliqué lo sucedido, y me dice que, por su cuenta, había encargado a su mujer la organización.
Le indiqué que ya sabía que era labor de la concejalía organizar la Cabalgata de Reyes. Además lo habíamos hablado esa semana, que llevaba toda la mañana trabajando y montando todo.
Y él, simplemente, me contestó: “Trabajo… ¿qué trabajo?” y se llevó el botellín a la boca.
Dicho así. Después de llevar una semana preparando todo, toda la mañana trabajando y el señorito allí en el bar toda mañana esperando llevarse los méritos, me cabreó. No desmonté el escenario ni los adornos ya puestos, porque los chiquillos no se lo merecen, pero decidí no terminar con los adornos, desmontar el sonido y suspender la fiesta posterior.
Parece ser que teníamos un nuevo cargo en el Ayuntamiento con poderes superiores a los de Concejal electo: el de Señora del Alcalde.
Me tocaba, además, comerme el marrón de desilusionar a mi elegido, quién, por mi culpa, se había procurado hasta traje de Baltasar.
El señor Royo, tuvo además la desfatachez de venir a buscarme y preguntarme por qué no estaba el sonido instalado, ni terminados los adornos. Sólo le acerté a decir: “¡como eso no es trabajo, según tú, he pensado que sería algo que querrías hacer personalmente!. Ah, y vete a la ….”.
Muy a mi pesar, me quedé en casa esa tarde, deje que el nuevo cargo llevase la organización y terminase el montaje.
Finalmente ocurrió lo que tenía que ocurrir con el agradable tono de voz del señor Alcalde, la alegría que lo embargaba y su soltura natural. Los padres no se enteraban de cuando llamaba a los niños, se equivocaba de regalos, tropezaba con las cajas, se le caían los regalos… Un desastre.
En fin como resultado positivo diré que estuvo más de dos meses sin hablarme hasta que, próximo un pleno en abril, se acordó de mi voto.










